Una narración sin lamentaciones

Quizá a usted, inteligente lector, el título de este escrito le parezca extraño. Cómo es posible que un ser tan, digamos, riñoso como yo, haga una narración sin lamentaciones; un texto donde hable de las aberraciones e inmoralidades que atañen a este mundo, sin contender parcialmente, porque recordemos, apreciados lectores, que para no estar de un lado es necesario estar del otro. Y yo también me lo pregunto, y me parece importante reservarme el derecho a dejarme llevar por el prevaricador interno y que, de alguna manera u otra, al final de estas líneas, esto no sea lo que digo sino todo lo contrario.

No he decidido estudiar ética per sé por diferentes y minuciosas razones. Algunas de ellas es por la convicción —tan recalcada en el dicho— de que uno nace como morirá y no hay retroceso, o por creer firmemente que hacerlo sólo te convierte en moralista, incluso en efectista. Sin embargo lo hago en una de las clases (que no es la clase de la vida, aunque cumple con un cometido semejante) que por hechos no fortuitos curso ahora en mi segundo hogar.

El día de ayer, después de una instrucción de ética, quedó pasmada mi suspicacia. Mientras caminaba por el portal ubicado en Refugio Barragán de Toscano, exactamente en la esquina con el portal Morelos  —y digo exactamente porque fue en el vértice debajo del arco que está situado en la esquina—, encontré, como quien encuentra lo que no busca cuando menos lo necesita, a una señora de aproximadamente cuarenta años de edad, de pie, con sus dos manos reposadas sobre un pequeño carrito de metal como el que usan otro tipo de señoras para ir al tianguis a comprar el mandado, en el cual llevaba varios recipientes de champú. Entre aquellos alcancé a distinguir el de mi preferencia. Me detuve, y con toda la ingenuidad, no, no toda, con algo de ingenuidad me pregunté si los estaría vendiendo o si los compró para su familia de frondosa cabellera. Me acerqué curioso y lo averigüé: los vendía por una módica cantidad de pesos. Ahora sí: con toda la ingenuidad del mundo compré dos recipientes, los pagué, los recibí y los guardé.

Jamás, repito, jamás pasó por mi cabeza que podrían estafarme. Algo que yo, en cualquier condición normal, sospecharía de cualquiera; no apareció ni un leve, por mínimo que fuese, indicio de desconfianza. Algunas horas después, al inspeccionar la mercancía recién adquirida, supe que había sido embaucado.

El otrora ingenuo de mí se convirtió en un desfachatado buscador de culpables —mas, como ya dije antes, no manifestaré mi inconformidad con lamentación, a fin de no ser catalogado como quejicoso— y uno de los principales fue aquella dejadez lenitiva que me enajenó de mi yo constante (porque he descubierto que esto no es egotismo sino intimismo; hay un poco de mí dentro de mí cuya ínfima invención noctívaga pesa más que cualquiera consciente diurna).

Ahora regreso a un punto que expuse anteriormente. Para no estar de un lado es necesario estar del otro. En este caso, estimado y queridísimo lector, no intento deslizar en su subconsciente una idea de desconfianza generalizada, no, lo que yo intento está mucho más allá de eso. Lo que yo me atrevo a pedir es que, por ninguna razón, por más fuerte que sea la tentación, nunca, jamás, de ninguna manera, etc., usted le compre champú a una señora con un carrito de tianguis. Nada más.

Próximamente

¡Hola señores cultosos que pasan por este su humilde y poco visitado blog! Este viernes temático lo vamos a dejar para otro día, dejen sus sugerencias para el próximo viernes ¿Qué les gustaría que se tratara aquí? No es que no tenga tema pero ya casi termina el viernes… se los cambio por un buen martes 2×1, alguna reseña de películas o cualquier cosa.

Les dejo un modismo para que se entretengan. Lo que uno hace cuando es demasiado el tiempo libre:

Cometas intrínsecos acarician solemnes la cerradura oxidada y demacrada de la puerta gigantesca de la desesperación innata del sueño más profundo, más perdido, más tenebroso, más lejano, más inmerso entre señuelos vivaces de planetas inconformes pero que alegres ven caer a los íntimos, y algunos ínfimos, pedazos de polvo estelar y con albricias que resuenan en todos los rincones finitos reciben inmensos a la brisa regular que al llegar a ellos baila hasta el anochecer para después permanecer encerrada en el baúl de capas blancas y negras de las montañas agorafóbicas que claman agónicas por un poco de sombra de los árboles insustanciales que crecen estevados entre las fosas ardientes por donde pasa el agua efímera e incorrecta que alimenta constante el apetito sombrío de los ríos perdidos bajo la corteza descortés y prosaica que cubre todo y nada y algo y poco y mucho y que espera impaciente a que sobre ella aterricen pedazos de estrella que ha sido bienvenida con regalos de los cuerpos sólidos celestes, comunes, y que en confianza de ella misma ha bajado perdida entre atracciones análogas y desvanecidas en la ensoñación forzada a contraluz de la entrada que rechina con seriedad […]

¡Buenas noches! Que tengan un grandioso, sorprendente, especial e inimaginable fin de semana, como lo han sido este jueves y viernes para mí…

Salvador Dalí

Una recopilación de la entrevista realizada a Salvador Dalí por Zabludovzky.

Salvador Dalí: El padre del surrealismo. Conocido por su bigote tan peculiar y, claro, por sus grandes obras de arte. En algunas partes de esta entrevista (si no es que en todas) se puede notar el mundo en que vivía Dalí, completamente onírico, completamente suyo.

Nótese en el minuto número cuatro, cuando Dalí repite su célebre frase, la única diferencia entre un loco y Dalí es que yo no estoy loco, la reacción del entrevistador, el cual dice por primera vez no entiendo.

Desde el principio de esta segunda parte de la entrevista, Dalí recrimina algunas omisiones al entrevistador. En el minuto y medio de esta parte Dalí se ve molesto y a punto de irse ya que Zabludovsky le hace una pregunta más absurda que las anteriores. En el minuto 6:40 Dalí le pide a Jacobo que sea más inteligente, ya que será la última pregunta que responderá. Especial atención en el último minuto de esta parte…

Cante usted tanto como quiera.

(Aviso: las notas que están dentro de los videos no las puse yo)

Os cuento

Acabo de ir al médico, aunque tengo seguro social pero esos del IMSS (o IMMS, Instituto Muy Mexicano Social, como dice en los camiones) sólo me atienden en las mañanas y yo las mañanas las uso para descansar recostado en mi cama, tuve que ir a farmacias similares. Caminé cinco cuadras para llegar al consultorio médico más cercano pero estaba cerrado, les hubiera gritado palabras como hijos de su pinche madre pero a lo que iba al doctor es por problemas en la garganta. Tomé un camión hacia el centro, lo pagué con una de esas nuevas monedas de cinco pesos del bicentenario de la independencia. Llegué al centro, bajé, esquivé personas, vi que el primer consultorio estaba muy lleno, así que me dirigí a otro (¿sí se escribe así? buscando en google veo que muchas personas lo escriben diferente) que estaba cerrado. Regresé al anterior y milagrosamente ya estaba vacío, sólo había una familia dentro, así que me senté en las sillas azules donde la gente espera. Leí los letreros que estaban en ese pasillo de 1.20 metros por 4 (más o menos, siempre he sido malo para calcular, desde distancias hasta edades) y vi uno que decía “Paga menos y le ayuda más”. Empezaron a llegar otras familias, a pesar de que ya faltaba poco para las 9 de la noche y el letrero decía “Atendemos de lunes a sábados de 9 a 9”. Familias con hijos pequeños son las que más acuden ahí. Salieron y entré yo. Tomé asiento y le expliqué al doc que tenía malestar en la garganta, que me dolía todo, que soy alérgico a no sé que tantas cosas y me revisó. Me dio la receta con el nombre de dos medicinas escritas, le pagué y salí a la farmacia para comprarlas.

En verdad en esos consultorios si ayudan más y pagas menos. La consulta fue barata y las medicinas también, además no era la primera vez que iba. Si el Víctor ese se postula para presidente para la próxima si voto por él.

De regreso a la casa vi el turibús, ese camioncito que pasea personas mientras les explican que en tal esquina hubo una balacera la semana pasada, que en esa casa desmantelaron un narcolaboratorio ayer, que en ese parque son muy frecuentes los secuestros, que se sospecha que en la casa de la derecha venden marihuana a precios muy bajos, etc.

¿Qué más les puedo contar? He estado escuchando a Tower Of Power… y ¡qué buen funk!. No sé si les comenté que también estuve escuchando a Portishead… pero no me gustó, todo es muy repetitivo. Hoy todo el día estuve viendo unos videos en youtube de un tal Leon Pechocho, que hace unas labores periodísticas muy profesionales, hilarantes. Ya me arde menos la espalda, ayer me rocié con té de manzanilla y me ayudó bastante. Tengo 28 seguidores en tuiter, yo sigo a 10, pero sigo sin encontrarle mucho.

A ver si me pueden ayudar, me recetaron x medicina, tengo que tomar una pastilla cada 8 horas durante 7 días, entonces son tres pastillas diarias por 7 días, lo que da 21 pastillas las que necesito en esos días, pero la caja que compré sólo trae 20 ¿Compro otra caja? ¿Me tomo sólo las 20 y olvido la última? ¿Qué tal si por no tomarme una pastilla no me curo? ¿Deberían hacer cajas de 21 pastillas? ¿Han jugado 21? ¿Han jugado strip-21? Si tienen 17 o 16 puntos en el 21 ¿Se retiran o toman otra carta? ¿Apuestan cuando juegan entre amigos o juegan sólo por aburrida diversión? ¿Aproximadamente cada cuantos juegos obtienen un black jack? ¿Qué hago con las pastillas?

Saludos a ustedes, los que comentan, los que no comentan, los que llegan a este blog buscando niñas promiscuas o pornografía gratis.

Las 10 (o más) cosas que me encojonan

Ya hice una lista de las cosas que me hacen feliz, pero ¿qué tal una lista de las cosas que me enojan, que me exasperan? no puedo irme sin hacerla, porque ayer me dormí hasta las 5 de la mañana pensando en eso, bueno, no exactamente, tengo insomnio y luego les cuento.

Exhorto a todos los blogs de “Más promocionados” a que hagan una lista de lo que les enoja.

1.- Los zancudos (mosquitos)

2.- Las moscas.

3.- No encontrar las palabras precisas.

4.- Que el día dure tan poco, en especial entre las 12 y las 2 de la tarde, y entre las 8 y las 10 de la noche.

5.- Tener insomnio. O simplemente el reloj biológico descompuesto, me duermo muy tarde y me despierto muy tarde… algún día dormiré menos y soñaré más.

6.- El desorden. Tampoco soy un fanático del orden, pero que alguien deje algo donde no estaba o que mueva una cosa de su lugar sin previo aviso… hace que me exaspere. Ver muchas cosas juntas también, como lapiceras, libros… ¡los cables! los cables me revientan, verlos todos… hechos nudo ¡ahhhh!

7.- La tarea. Tanta tarea junta, que todos los profesores te dejen todos los trabajos finales al mismo tiempo, y no porque sean el final, sino que todos te avisan a la misma hora, con la misma insistencia, y todos creen que su materia es la más importante. Nunca me ha gustado y creo que romperé el record del alumno con menos tareas realizadas en su existencia…

8.- La música ajena. La música de los vecinos y de los carros con sonido, esa música comercial tipo bachata y pop sin sentido… y que la ponen a todo volumen, ¡malditos vecinos! ¡apaguen su estereo y escuchen el heavy metal y el blues que emana de mi cuarto!

9.- No aprender algo nuevo en el día. Sentir que el día pasó desapercibido… ¡qué sensación de querer patear… <insertar aquí algo que te encojone> (panistas).

10.- Los conductores que creen que por tocar el claxon obtendrán mágicamente alas y podrán liberase del tráfico ¡señores, el ruido es contaminación!

11.- Encontrarse gente que a penas se conoce y tener la sensación de “saludo o no saludo”.

12.- Levantarme temprano – que el reproductor aleatorio meta canciones que no quiero escuchar – el canto de los gallos, los odio, odio los gallos que cantan a las 2, a las 3 y a las 4 de la mañana – no saber alemán – no encontrar archivos en mi computadora – la gente que no sale de su idea y no escucha otras – que los candidatos usen canciones como “el sonidito” – tener que explicar las cosas dos veces – tener en la cabeza todo el día una canción que no me gusta – las elecciones – los libros de carlos cuauhtemoc sanchez (y lo escribo como yo quiera) – mi letra, es casi ininteligible – la gente que desperdicia el agua y contamina el ambiente – cuando despierto un lunes pensando que es domingo – el duranguense y el regueton (me asfixian) – los cabellos en el cepillo – buscar algo (por ejemplo el mp3 y los audífonos) y que cuando encuentras uno se te pierde el otro – no acordarme de las cosas que me enojan ¡ahhh! ¡tantas cosas, tantas!

Y también La gente intolerante, como esta:

Además habían puesto "estorven", ¿Quién es el ignorante?

Además habían puesto "estorven", ¿Quién es el ignorante?

Les contaré la historia de esta foto, que es una pequeña historia:

Caminaba yo un día, cuando entonces vi el letrero. Había dos señoras sentadas afuera de la cochera en cuestión, por lo tanto pensé que alguna sería la dueña, así que saqué la cámara, me acerqué y le dije “le tomaré una foto”, la señora no dijo nada, y yo tomé la foto. Cuando me alejaba la señora vociferó “por lo que dice ¿verdad?”… a lo que contesté “No señora, lo que pasa que los ángulos en el letrero hacen un rectángulo perfecto, eso fue lo que llamó mi atención”…

Y la última del primer día de junio

Les dejo esta foto e invito a todos los que vean este blog a que la comenten, ¡más que invitarlos los obligo! Quiero saber qué piensan de esto.

 

El Tamal Ajeno

El Tamal Ajeno

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