La infinidad de razones sin proferir

A veces —siempre es bueno empezar con algo así, por ejemplo escribir: siempre, nunca, algunas veces, a menudo; te delimita, mantiene la mente dentro de un universo finito, y para alguien como yo, cuya voz interior se mantiene en digresiones, es recomendable.

»y luego nada.

»Pasan los minutos, y claro, hay métodos, pero no es bueno acabárselos todos en una noche, mejor ser paciente, ya llegará el momento, ya caerá el alud, porque existe, está ahí arriba, te mira, te estudia, indolente. Existe una infinidad de razones sin proferir, demasiadas razones, sin duda, tantas como palabras hilvanadas sin sentido, sin sentido digamos… colectivo. Así como palabras propias, palabras ajenas. Por ejemplo, habrá quien jamás utilice la palabra Honestamente, sin que eso quiera decir que es deshonesto; no es necesario comenzar una frase con ella, es una palabra de aquellos que creen que en algún momento de sus vidas sus acciones han hecho que sus palabras pierdan la honestidad. Habrá, también, quien se detenga a analizar qué más contienen las palabras además de honestidad, y quizá llegue a un punto en el que descubra que nada más, que simplemente no hay palabras deshonestas. Habrá acciones, probablemente, mas no palabras.

»Una de esas razones es maniatar. A lo largo de nuestra existencia, habrá quien la catalogue como fugaz, caminamos por lugares y dejamos de caminar por otros. Costumbres. Las razones para dejar de caminar por ciertos lugares son, igualmente, demasiadas. Con las palabras sucede lo mismo. Aclaremos un punto, utilizo la palabra Palabras, porque tiene mayores oportunidades que la palabra Letras, aunque menos que Frases (cuyas formas son verdaderamente inconmensurables); explicación que no viene de más, ya que en un día cualquiera es mayor la cantidad de personas que utiliza la letra E, al número de personas que utiliza la palabra Verdaderamente, y mucho mayor a las que usan la frase Verdaderamente inconmensurables. No pretendo comenzar con esto un discurso que intente hacer sentir bien al lector, instigándolo a proclamarse como un ser único solamente por utilizar una frase cualquiera, mi propósito dista de eso. Propósitos y razones.

»y luego nada.

»Faltan varios minutos para que hagan ruido las golondrinas. Digo Ruido y no Canten porque eso hacen: ruido. Habrá quien les escriba poemas y canciones a tan odiosos pájaros, yo no. A mí me desagradan ellos y los demás pájaros ruiodosos, en especial los gallos. Creo que caminaré un poco por los caminos que he abandonado, por aquellos senderos que las ramas de los árboles han vuelto oscuros; sé a dónde van— … no sé qué escribir.

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