Usurpador de fragmentos

Estimado y muy apreciable lector de éste, su humilde blog. El título de este texto tiene connotaciones implícitas. Piense por un momento, ¿qué es lo primero que aparece en su mente al leer tan sencilla línea?

Antes de continuar —aunque si a usted, como dicen coloquialmente, se le cuecen las habas por saber de qué se trata todo este asunto, puede saltar al último párrafo de este escrito, donde encontrará la respuesta—, quisiera hablar de lo que más puebla las líneas de este desván de elucubraciones egotistas (¿cuántas veces habré usado aquí estas dos últimas palabras?).

Como diría Pescetti, para los que sí tenemos confianza —o sea, los lectores asiduos—, será fácil recordar que en alguna ocasión pasada, escribí sobre las habitaciones de mi alma, o por lo menos lo intenté y como resultado salió algo muy banal pero muy íntimo. Disculpe usted, buen lector, si el día de hoy me encuentro muy ensimismado y haciendo uso desmedido de la digresión; es simplemente que tenía ganas de escribir por el sólo hecho de ver una creación propia de nuevo, libre de ataduras, sin necesidad de seguir reglas, estructuras, brincándome los andamios. Aunque también escribir de esta manera es un ardid para que usted desista en cualquier línea y me deje a mí con mis palabras solitarias, en medio de párrafos indescifrables, haciendo eco en ningún lado. De esta manera, yo podré inmiscuir alguna historia impresionante y tener la certeza de que está resguardada cual pergamino dentro de caja fuerte detrás de un cuadro aburrido de marco soso.

Podría, por ejemplo, revelar aquí el misterio de la teoría de la repetición de los individuos. Esta teoría se basa en la premisa de que todos nosotros somos repetibles, como si fuésemos creados a partir de un molde y el número de moldes fuera limitado. La repetición se puede dar en diferentes aspectos, verbigracia: la forma de ser de alguien o los rasgos físicos, en especial del rostro. ¿Le parece familiar? ¿Recuerda a alguien que se le parezca mucho a otra persona y que ellos dos no sean ni siquiera conocidos? El mundo es tan grande que pareciera imposible, pero los estudiosos de esta teoría tienen muchos y variados argumentos para comprobar su verosimilitud. Uno de ellos, y quizá el que sirviera como hilo conductor entre todas las demás coincidencias, es el de los gemelos. ¿Ve? No es tan descabellada la teoría después de todo. Se dice que el extraño caso de los mellizos no es más que la coincidencia de esta acción en un mismo tiempo en un mismo lugar.

Por lo general, la repetición de los individuos se da en lugares muy apartados, casi en antípodas, pero también de tiempos. Los que se han dado a la tarea de estudiar esta teoría, señalan que en total podrían existir siete millones doscientos veintiséis mil cuatrocientos cuarenta y seis patrones en el universo. Uno de los primeros documentos en los que se tienen referencias a la, también llamada, hipótesis de la generación en serie, data de alrededor del año mil ochoscientos, cuando se se encontraron las siguientes líneas en un pergamino mohoso y que formaba parte de un diario personal:

No era un día común, lo sé porque ningún día es común, aunque en sentido estricto, no es sólo mío y es de todos. Desde hace meses, quizá años, que he tomado la decisión de descifrar mi identidad, no de buscarla porque sé que la tengo, sino de decodificarla, desmenuzarla. Es una manía que ha nacido en mí desde que descubrí que todos somos patrones, siempre hay alguien parecido a alguien en algún otro lugar del mundo, y no sólo uno, sino varios; parece que el humano ha salido sólo de unos cuantos moldes…

(aquí el texto se vuelve ilegible, pero continúa)

Comencé a conocerme, cada vez estaba más seguro: me encontraría en cualquier momento.

No era un día común, lo sé porque ningún día es común. En una de mis caminatas, que se han vuelto completamente necesarias, me vi. Era yo y caminaba hacia mí.

No se tiene registro de quién pudo haber escrito lo anterior, aunque últimamente llegó hasta las oficinas de los investigadores de este fenómeno, una persona que asegura haber escrito algo exactamente igual. ¿Será acaso un eslabón más para constatar la veracidad de las igualdades dispersas, como también ha sido nombrada?

Lo más curioso e interesante de este hecho, no es que unos seamos iguales a otros y viceversa, sino que da a conocer que estamos ceñidos a un serie de formas, formas que serán la misma y la misma cada siete millones doscientos veintiséis mil cuatrocientos cuarenta y seis individuos. Aunque los expertos no se quedan ahí, y han decidido ir más lejos con los estudios, inclusive ya hay algunos que investigan la posibilidad de aplicarla con los árboles, allá ellos.

Ahora imagine, si dividimos la población total mundial entre el número de moldes establecido, existirían ahora novecientas sesenta y cinco personas como usted, ¡sorprendente!

Por el momento, y para dejar espacio a la imaginación, yo le recomiendo que haga patente todo lo que tenga planeado: apúrese. Sí, lo acucio porque en cualquier momento, una de esas novecientas sesenta y cinco personas podrían adelantársele, no quisiera perder una gran idea por ello ¿verdad?

Es por eso que Desnúdate y haz un ritual ha dado un pequeño salto a una edición en papel. Soy el usurpador de un espacio en una publicación semanal, y eso seguirá hasta que me descubran y me digan que siempre no, que necesitan ahí algo diferente. Por lo pronto, sigamos aprovechando los espacios disponibles.

Ya les pasaré mayores datos por aquí. Saludos.

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