De la metonimia y otras explicaciones

Hola, interesados lectores de éste, su humilde blog. La explicación que otorgo en el siguiente texto es para otro texto que escribí aquí anteriormente. Quizá deban leer una parte de “pírrica crónica de los placeres buscados” para saber de qué hablo.

Antes de empezar a divagar, a elucubrar, discurrir y todas esas palabras que me encantan por la acción que representan, quiero agradecer profundamente a todos ustedes, lectores. Gracias a ustedes las estadísticas del blog van muy bien, en realidad no sé por qué me visitan tanto aun cuando no escribo en tantas semanas. En realidad sí sé, por lo menos las razones de algunos personajes grises y demacrados (que quiero aclarar: no son todos, los demás son interesantes y agradezco su curiosidad genuina).

Existe en este país una ciudad que yo llamo la ciudad con suerte. Dicen que su nombre intenta evocar un río que corre entre piedras. Para mí esta ciudad es verdaderamente afortunada. Es excepcional el curso de las vidas que transcurren en ella. Con tantos bólidos en sus calles, cajones de muerto llenos de vivos. Por la oscuridad que recorre sus calles, desde las más perdidas hasta los rincones de las más transitadas. Sus bombas subterráneas, callejones llenos de pupilas. Puedo decir que me gusta con la misma certeza que puedo negarlo. Me gusta su día, mas no me gusta de día. Sus noches me aterran y me pintan en el rostro una expresión de incomodidad, pero también me atraen y me asombran.

Es una ciudad que camina sobre la cuerda floja, con los ojos cerrados, colgada a diez metros del infierno; lo hace para atrás, para adelante, y cuando parece que está a punto de caer, no lo hace, se mantiene y recobra el equilibrio. Por su gente se convierte en bipolar, su gente ambivalente. Policías borrachos que dan malas indicaciones en plena calle del centro; personas que han vivido desde siempre en ella y que no saben cómo llegar a un punto importante.

Es cambiante, desesperante, desesperanzadora. Injuriosa, burlona, trémula. Incendiaria, virulenta, despechada. Guarda historias dibujadas a lápiz. Es imposible imaginarla sin una niebla gris a la altura de la cadera. Es un terreno hostil, como un jardin caquéctico. Llena de nada.

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