La teoría del olvido incapacitante

Creo que no hay tema más fácil sobre el cual escribir que uno mismo. Lo difícil es hacerlo cuando ese uno se encuentra en una crisis existencial, en un momento crucial —uno de tantos—, en el que no recuerda qué fue lo que dejó incompleto para poder continuar con su vida habitual. Una persona como yo, tan inmersa en sus propias convicciones, sufre un poco para poder llevar a cabo el día a día sin que una leve idea recalcitrante, una manía inquietante, un prurito del saber lo desconocido (o de recordar lo pasado por alto), aparezca como cualquier viento en febrero.

Una de esas artimañanas de la mente —que hacen las veces de anciana regañona y mandona— es el no dejar algo sin terminar un asunto. Quizá no le sorprenda a usted, lector, porque puede ser que también usted tenga esa idea, o que conozca a más de uno que la tenga. Pero a cuántos conoce que más que idea se convierta en una monomanía, en una piedra angular a la inversa. A los que son así, se les recomienda hacer una regresión, una constante  reminiscencia de lo vivido. Y yo, como no tengo la memoria de Funes ni de Arreola, tengo que escribirlo, recordarlo por el renglón seguido, que, vituperioso, crece y me conmina cada vez más.

Quizá dejé abierta una puerta en algún lugar que visité, la casa de un amigo, el cerrojo de los vestidores de la tienda departamental; o una cosa cualquiera, un libro en una librería, la llave del agua en el baño (no creo), la salsa de botella en un restaurante. A veces son mucho más que nimiedades: una frase inconclusa, un sueño irremediable, una promesa incumplida; u otras cosas que se olvidan, la mirada clavada en una nube, el pensamiento perdido en una calle, una canción sin nombre. Incluso por cosas que jamás debieron cerrarse: la mirada en algo bello, las ganas de ser niño, la curiosidad de mirar por la barda.

Es un camino sinuoso, lleno de recovecos y que recuerda mucho a los laberintos que todos conocemos. Pero aún hay más. No sólo es el qué, sino muchas otras preguntas obligadas. Vayamos por pasos. Piensen entonces, que al haber encontrado el qué —aunque más que encontrar físicamente sea encontrar insustancialmente, claro está: ‘recordar qué’, como cuando se entra a una habitación expresamente para hacer algo y al mirar cualquier cosa se nos va de la mente la razón por la que estamos ahí; ese encontrar— es quizá la pieza fundamental. Pero, como dije antes, se sabe qué mas no se recuerda el dónde.

La persona que entró a la habitación buscando sus llaves y de repente su mala memoria a corto plazo hace de las suyas, tiene entonces dos incógnitas, aunque la primera parezca haber desaparecido por completo. Cuando recuerda que buscaba las llaves, aún tiene otra pregunta por resolver, la más obvia: dónde se encuentran.

Así, esta teoría de olvido incapacitante se vuelve cada vez más como las ramas de los árboles. Añadimos aquí una idea que puede tanto solventar las implicaciones como reforzarlas. Heráclito, uno de tantos viejos filosofos griegos, dijo que ningún hombre puede cruzar dos veces el mismo río, porque ni el agua ni el hombre serán los mismos. Así estamos nosotros, los perdidos en nuestras convicciones —los que han llegado hasta esta parte de la elucubración sin extraviarse del tema central (por lo menos en esto no deberían perderse, y si fue así, regresen unas cuantas líneas, será un ejercicio que nutra lo que aprenderemos hoy)—, ahora que hemos reconocido el busilis, no sabemos si es lo mismo y si nosotros somos los mismos. ¿Cómo resolverlo? ¿Como lo hubiéramos hecho cuando eso sucedió, como ahora? ¿Cómo? Lo más lógico sería actuar conforme al presente. Resolver los asuntos como pensamos hoy en día, ya que la manera en que lo hicimos anteriormente nos llevó a olvidarlo, ¿no lo creen?

En múltiples ocasiones es suficiente con recordarlo. Por ejemplo —y seguramente les parecerá una trivialidad a muchos de ustedes— yo no escribía aquí porque había olvidado algo. Eso fue escribir aquí.

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3 comentarios el “La teoría del olvido incapacitante

  1. disidente dice:

    Me hiciste recordar a mi maestro de matemáticas de la prepa…
    no caigan en la parálisis por análisis … decía.
    Y una película “del olvido al no me acuerdo” Salen Rulfo y Arreola.

  2. En ocasiones todo aquello que deseamos olvidar es bueno recordarlo para así poder dar paso a una nueva vida.

  3. Hola amigo, soy José Isabeles de Periódico El Guardián. Hace días te envié un correo pero no supe si te llegó.

    Encuentro interesante tus escritos, así que me gustaría integrarlos a mi web:

    http://www.periodicoelguardian.com

    Sigo a tus órdenes

    José Isabeles
    Cel. 33.12.13.68.47

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