Supinus mortis

Hoy es la ocasión de divagar, de cosechar lo cultivado en el subconciente durante días, semanas, meses enteros viviendo una realidad distante, como el distante instante; es el momento de no preocuparse, de escribir sin dolor, de recrear el automatismo cuasi-onírico, de arrancar las palabras frutos que cuelgan de árboles neuronales, sinápticos, no sicalípticos, oblicuos y no ubicuos. Ligerearse, dejarse llevar por el tenue viento de los pensamientos. Escribir para uno, para mí mismo; discurrir en las paredes nocturnas de construcciones de cantera negra. Recordar las calles que no se han andado, los pasos que no se han dado. Sacar al muerto del agua. Hoy no fue un día, hoy fueron dos días, hoy fueron tres días. Creo que me falta escuchar menos a la razón. No me leas, soy el texto, si has llegado hasta aquí deja de hacerlo, detente, debajo de mí no hay nada, oscilaciones de tiempo perdido, alucinaciones incomprendidas por el vaho de la noche tranquila como un ángel que no invité. Sabes qué se extraña, ronronear en las calles, acariciando con el pensamiento el sucio pavimento; sentir cómo el mundo se expande, cómo tu mundo se expande, cómo mi mundo se expande como un círculo que empieza en el lugar que estoy y termina en el lugar al que voy, así, cuando llegue, no será más espacio mío que el que llevo dentro y recogí paso tras paso. Hay que aniquilar las horas. Imagina llegar a la antípoda. Si sueño que sueño me muero porque no despierto más que del primero. Qué hago aquí descansando sobre la palma de mi mano, percibiendo el olor sanguinolento de mi sangre, su sangre, la sangre de todos los muertos supinos, maldita muerte maldita que yace así exactamente, por todo lo que dure la eternidad personal del mutado cuerpo prestado. Y a dónde vas después sino a un lugar oscuro como del que llegaste; dónde estabas antes. Caen pedazos de cordura como de la pared la pintura. Dónde está el agua, sentada en un sillón rojo viéndonos desfallecer sitibundos, expectantes de su gran entrada en escena, como si de un teatro antiguo se tratase y fuese ella, aunque lo es, la actriz principal. Qué histriónica te muestras ¿histérica? Eres un círculo, eres un proceso inefable, eres un ritmo único. Vamos noche termina de soñar. Eres tiempo perdido, eres una mala inversión, eres palabras que quisieron ser proferidas. ¿Jugamos a imaginar? ¿Qué más se puede jugar? Imagina que la noche se enamora, que la noche se ve perdidamente entregada por el sentimiento del amor a algo… ¿Qué es eso de lo que se enamora la noche? Ahora imagina que eso rechaza a la noche ¿Qué rechazó a la noche? Por eso ha quedado la noche incompleta, por eso el nombre de resmas apiladas en tríos. Es como comprar un billete de lotería, banalmente, pero lo es. Es obtener meses. Pero hoy por qué, porque es la forma en que me coloco fuera de mí y me miro mordiéndome las manos. Es como ese rectángulo que tienes a la izquierda y que pide ser terminado antes de que el tiempo haga lo suyo y lo deje supino, como tortuga imbécil. Te contaba que lo encontraron muerto, aunque, pensándolo bien, si estaba muerto entonces ya no lo encontraron, pero encontraron algo, algo de él. Tardaron mucho tiempo en la búsqueda, querían encontrar dónde estaba la existencia, así: dónde estaba, no a la existencia per sé. Del cuerpo a un metro: nada, dos metros: no, tres, seis, catorce, veintiséis, mil quinientos setenta y siete: nada aún. Dónde carajos queda la existencia cuando se encuentra al muerto. Mientras ahí permanecía el muerto, expandiendo su inutilidad. Sólo unos minutos más y será la hora recurrente, esa hora que dos veces al día aparece en el reloj, esa hora que no es más que tres números, dos repetidos y el triple del primero, o del segundo, que sí es lo mismo pero no es igual. A mí me inquietaría ser yo, con la retahíla de convicciones atada al pie cual bola de plomo a presidiario. Tres. Es. Dos. Como. Ya casi. Uno. Ya. El susodicho minuto. Se fue. Otro minuto que ha quedado muerto y supino como el que te contaba, pobre de él, tantos años después y sigue mirando hacia arriba. Imagino que inhuman de esa manera por extrañas razones, quizá una sea para que los ojos muertos vean flotar la existencia que se pierde como aire en el aire, porque los ojos muertos pueden ver más allá de todo. Por eso no la encontraron, y el cuerpo se lo llevaron así como quien recoge cualquier cosa al caminar. ¿Cómo? No, eso no; dijo aquí me muero y se murió, se sentó despacito y después se dejó caer de espaldas, extendió los brazos, juntó las piernas, ni adiós dijo. ¿Quién era? Un instante más en la fugacidad de la eternidad, un grano de arena más en estas playas olvidadas, ya sin agua, porque ésta está esperando el acto sentada en un sillón, jugando que imagina para aniquilar las horas, mirando desde el fondo de este sucio teatro la actuación de una noche incompleta.

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Un comentario el “Supinus mortis

  1. cuicuitzcatl dice:

    ¿Eres tú el que se oculta, se inspira y maravillosamente divaga tras el contorno de una manzana?

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