Lo que aconteció

Entonces regresé a la ciudad donde resido, lugar en el que el uso del internet está (o estaba) prohibidísimo. Cuando terminé de escribir la entrada anterior aparecieron veintisiete hombres fuertemente armados y con escudos del escuadrón para evitar posibles conexiones clandestinas y me pidieron taxativamente que los acompañara. Yo no fui, Yo no soy yo, Yo no vivo en su ciudad ni estoy enterado de lo que sucede ahí, nada de lo que dije sirvió. Me llevaron esposado frente a la mirada atónita de los libres de conexión* que ahí se encontraban. Resignado subí al camión que me indicaron, era como uno de pasajeros pero transformado al estilo bricolaje en uno de esos camiones de reos de las películas gringas.

Quizá se pregunten cómo es que pude contarlos tan precisamente al grado de saber que eran veintisiete exactos. Fácil, en el camión había veintinueve asientos, uno del conductor, otro mío y los sobrantes fueron ocupados por los hombres armados. Cuando dio marcha pude observar que nos escoltaban dos camionetas negras con vidrios polarizados. Usted ha sido arrestado por transgredir la ley que prohibe el uso de herramientas que brinden una total libertad de expresión, me leyó el único personaje que quedó inerme y al parecer también el único que dominaba los rudimentos de la lectura.

Permanecí callado, recordé que en estos casos todo lo que diga puede ser usado en mi contra, aunque no pude idear cómo podrían usar una mentada de madre en contra mía, Se acusa que el presente le mentó la madre a los veintisiete sujetos que lo detuvieron el sábado por la tarde, reí y enseguida recibí un golpe que me dejó desmayado.

Cuando desperté, ya estábamos ahí. En la ciudad se respiraba un aire desértico. Las personas parecían, valga el oxímoron, andar estáticas, como perdidas en un hueco interno. Era como si existieran desapegadas a su vida misma, como si no pensaran. En una de las primeras calles de la ciudad lo constaté: no pensaban. El camión en que viajaba chocó contra un automóvil. El mismo personaje que me había leído con dificultad la sentencia de mi captura bajó. Esto no sucedió, me escucha, esto no pasó, así que váyase de aquí, le dijo. El otro conductor, que en un principio descendió y permaneció sosegado al lado de su auto que parecía del año, asintió, subió y se marchó sin queja alguna. Los demás transeúntes hicieron caso omiso de lo sucedido.

Continuamos con nuestro camino y el camión se detuvo afuera de las oficinas de gobierno. Antes de que me pidieran bajar amablemente, miré por las ventanillas, todos eran personas ignaras. Aclaro que no me pidieron amablemente que bajara, sino que me pidieron que cuando bajara lo hiciera de la manera más tranquila posible. Las camionetas que nos seguían se detuvieron por unos momentos y después avanzaron hasta perderse entre las calles.

<Continuará>

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Un comentario el “Lo que aconteció

  1. Alex dice:

    Cielos, cuando lei la 1º parte ps tenia mis dudas en cuanto a si podrias captar mia tencion. Bueno pues lo lograste ^^ bien ha.

    Esperare con ansias la 2º parte

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