Muertos de sed

Personas, apacibles personas, de nuevo vengo por aquí para embadurnarlos de esto que llamo mis palabras, mis problemas, mis lo que sea. Después del maratón (que está a punto de desaparecer) no he escrito nada. De nuevo las palabras se caen de las manos, se resbalan por los dedos y no se detienen ni en las uñas porque no hay uñas, el mal hábito de morderlas regresó. El título es de una canción de Joaquín Sabina (Nacidos para perder, los que viven muertos de sed).

Ayer, bueno, antier porque ya es sábado, canté a la orilla de la chimenea y pedí ser lo mismo, ser más, ser menos, ser todo, ser lo que me dejen. Hoy canto nos sobran los motivos por enésima vez. Y es que a menudo las ganas de ser esa sombra se van con la tarde, se van con todo y las ganas de ser algo.

Es un electrocardiograma, puntas, latidos inermes, taquicardias, arriba: muy arriba, y abajo: muy abajo. No quiero decirles la hora pero imagínense que es muy tarde, entre las cuatro y las cinco de la mañana. Sí, sigo siendo un fugitivo del fulgor, un espasmódico de la iluminación, un remedo de vampiro, un amante duermevela, un lacerante de las horas tardías, un arador del tiempo que no regresa, un fóbico del dormir temprano.

Sin embargo acorralar a las horas hasta el límite de la noche te envuelve en un estado alterado de la conciencia. Te convierte en otro, te convierte en el que no serás cuando despiertes. Lo sé, quizá suena ligeramente vesánico, pero forzar el sueño es interesante, por lo menos en estos momentos.

Si lo juntamos con un poco de hambre, un mal sabor de boca, una canción triste, un vaso de whisky, la necesidad de gritar algo, etc., se transforma en una epifanía, en una catarsis diferente, no sé… ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

¿Les conté que tuve un gato llamado Radio? Radio comenzó siendo gato, luego fue gata, luego maullaba mucho y al final se fue. Por ahí leí (seguramente una greguería) que un gato se sube a un árbol y cree que se ha independizado del mundo. Seguramente el pequeño Radio buscó independencia felina, esperemos no se haya subido a un árbol de limones, su vida sería amarga, amarga, amarga…

Ahora sólo tengo gatos decorativos, de madera, de cerámica, de barro, de alcancía, pintados a mano, esos no se van… todavía. Hablando de alcancía ¿habían escuchado sobre el dilema de la alcancía? Quizá no porque se me acaba de ocurrir, pero es más o menos así: uno tiene que romper la vasija para saber cuánto había dentro. Puedes optar por no romperla y seguir así: coleccionando monedas de 10 centavos, o puedes abrirla de una pinche vez y gastarte todo, total.

Me voy y les dejo una minificción:

Había una vez una chica de cabello negro y ondulado hasta la cintura que iba todas las mañanas a la parada del camión, nunca se subía, veía pasar el camión y regresaba a su casa. Una vez ella y el camión discutieron, desde ese entonces ella ya no se para ahí y el camión no pasa por su casa. Dicen que se cortó el cabello, que ahora contempla aviones. El camión se atiborró de personas que quieren bajarse en esa esquina, es imposible manejarlo. Tiempo después ella vendió su casa y él se convirtió en transporte para reos.

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