La primaria y yo

Debo contarles de una frustración muy grande que atañe mi existencia desde la primaria. Cuando yo asistía a la primaria, no recuerdo si en primer grado o en segundo, aprendí a leer. Aprendí a leer entre los libros amarillos de títulos grandes, como el libro de lecturas, o el libro de español, mientras veía a la mujer que cargaba la bandera mexicana, y con la fábula del zorro y el cuervo. Poco a poco entendí cómo podía pasar de la a hablada a la a escrita, luego la e, i, etc., así fue como me inicié en la lectura. Después supe que cuando yo decía mamá, en símbolos se escribía así. Entonces aprendí que existían sílabas. Ma, tu, su, la, le, li, lo y lu. Luego ba, be, bi, bo y bu. Entendía las sílabas, no las palabras.

El problema llega a dos días de terminado el año escolar. La profesora había creado en nosotros la idea de que ce y ci se pronunciaban como que y qui. Así yo escribía ceridos padres, creyendo que escribía queridos padres. La mentira, como lo llamó la profesora, la reveló a unos pocos en el salón, ya se había marchado la mayoría de los alumnos y sólo quedábamos menos de diez, cuando nos dijo…

Les he mentido. Cuando ustedes quieran escribir el sonido de “que y qui” deben usar otra letra: la q.

El aire de complicidad hizo creer en mis compañeros que tenían un secreto enorme sólo para ellos. Yo me frustré. En primer lugar ¿Cómo era posible que una profesora, que a menudo y por equivocación llamábamos mamá, nos haya mentido? ¿Cómo era posible que nos haya dicho eso sólo a unos pocos? ¿Qué pasaría con aquellos que no escucharon a la profesora en esos instantes, escribirían acellos por el resto de su vida?

El día que aprendí a leer las letras de los anuncios hacían una extraña metamorfosis, como si las letras se movieran y de repente se hicieran entendibles sólo para mí. Así entendí que el letrero rojo y de letras raras decía coca cola, que mi calle se llamaba Gómez Farías, que el nombre de mi pueblo prestado, ahora ciudad, se escribía San Juan del Río, entre otras cosas. Leía los letreros mientras iba en el camión “pollos, cenaduría, farmacia”. Aunque no había aprendido a leer, había aprendido a balbucear. A buscar en lo más reciente de mi corteza cerebral el sonido de la vocal con el sonido de la consonante que conocía.

Después nos contaban cuántas palabras leíamos por minuto, y así poco a poco me sumergí en el universo de las palabras, los libros, de la ortografía y la gramática, luego la lingüística, pero lentamente, muy lentamente, y sé que todavía no termina esta odisea simbólica. Ahora creo que existen distintas maneras de aprender a leer, las cuales nos podrían facilitar las cosas después, no sabiendo distinguir las sílabas, sino palabras completas, quizá un poco más tedioso, pero más provechoso al fin.

¿Tú tienes frustraciones pedagógicas o poco didácticas que quieras compartir?

Anuncios

Un comentario el “La primaria y yo

  1. rockcommel dice:

    órale, me gusto la forma como redactaste esta anécdota. Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s