Más egotista que nunca

Recuerdo la primera vez que hablé de mí, conocer el yo y el poder de narrar en primera persona mi vida; yo esto, yo aquello, decirlo sin más. Es fácil escribir acerca de sí mismo, es, incluso, más sencillo que hablarlo, porque hablado resultas una persona egoísta, pero escrito es diferente, es un recurso facilísimo. Me gusta ser parte de las personas involuntariamente, que me conozcan, que retengan un poco de mí: una palabra, una canción, un gesto, lo que sea. Por ejemplo, me gusta regalar música que me agrada, y de vez en cuando he regalado algún disco con canciones de aquella banda de culto que toca blues y que se llama igual que como se conoce a Real de Minas de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce; no sé, es egotismo puro, pensar que uno tiene la razón, que lo que uno cree es lo mejor, e inculcarlo por ahí a todas esas personas ávidas de más, abiertas a nuevos rumbos, es sencillamente delicioso.

Uno va por ahí, por la vida, dejando un poco de sí en todo lo que conoce (voluntaria e involuntariamente). Cuando llegas a este mundo eres algo nuevo, completamente diferente a lo existente, y te espera (el mundo) con ansias de ti. Algunos han llegado a cambiar la manera en que el mundo espera, por no decirlo de manera más obvia. Sin más, hoy le dije a un taxista que en algún momento de mi vida me gustaría practicar su profesión, así, como quien habla desde el asiento trasero. Si tienes suerte, si te encontraste a uno de aquellos que les gusta charlar en el trayecto y hacer el viaje más ameno (qué banal yo), te contará y te explicará bastante —bastante es sinónimo de suficiente—. Quizá mañana cuando a la hora de la comida esté por comerme unos ricos tacos al pastor, le cuente al taquero que en algún momento de mi vida me gustaría rebanar el trompo y hacer volar la piña, aunque esta vez estaría mintiendo.

Hoy es 10 de mayo, felicidades a todas las madres, a mi madre.

real de catorce
Blues y luz

¡Ah! Y quería compartir desde hace un tiempo esto con ustedes, es el altar que le tengo al maese José Cruz en la cima de mi librero.

Híkuri

hikuri

El desplazamiento del venado azul

Viviremos esparcidos en un caos acogedor, en una maraña de historias, inmersos en una vigilia incesante. En una independencia de quinto piso. Así, bajo el cielo sin estrellas de la ciudad desesperada.

¿Que por qué no le temo al infierno? Mi vida se desenvuelve alrededor de elementos encaminados a permanecer en el calor profundo. No hay nada más eterno que vivir a la espera de la espera. ¿Que por qué no le temo al infierno? Es más calcinante vivir en el etéreo frío eterno.

Yo soy un exiliado de mi consciencia, y a ciencia cierta desconozco si conozco mi mente pedestre en un estado no atado al caminar y desandar por estos lares, aquellos lugares, de magia y rabia, donde quizá yo soy un paria que se fugó en mí, o en si, o en sol, dolor, ardor, color.

Así voy caminando, escuchando mi sístole y diástole, que retumba como escila y caribdis y me dice en cada paso, me repite en cada paso el alud, el alud, el alud…